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viernes, 19 de junio de 2009

Caso "Hiperliderazgo", reseña de Ultimas Noticias "Critican hiperliderazgo de Chavez en el proceso"

Tomado de:

CadenaGlobal.com

Nacionales

Critican "hiperliderazgo" de Chávez en el proceso

Jueves 4 de junio de 2009

11:55 AM | Al defender el papel de cada ciudadano como corresponsable en la solución de los problemas de la sociedad, un grupo de intelectuales que respaldan el gobierno del presidente Hugo Chávez se reunieron.

Estos hicieron una crítica al hiperliderazgo que, a su juicio, el Jefe del Estado tiene en el actual proceso revolucionario.

La discusión formó parte del seminario "Intelectuales, Democracia y Socialismo: Callejones sin Salida y Caminos de Apertura", que se llevó a cabo los días 2 y 3 de este mes en la sede del Centro Internacional Miranda.

"El hiperliderazgo tiene una parte importante, el cesarismo progresista como lo llamó Gramsci, que es capaz de enfrentar al Estado poderoso que impide que los pueblos se desarrollen, pero esa tutela extrema infantiliza a la sociedad, que termina descorresponsabilizándose y esperando que el líder lo solucione todo", expresó Juan Carlos Monedero, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y uno de los organizadores del evento.

El historiador venezolano Vladimir Acosta propuso conformar una dirección colectiva para el proceso.

"A pesar de que el liderazgo del presidente Chávez es el espíritu y músculo de este proceso, necesita una dirección colectiva, un equipo, que pueden ser quienes colaboran más directamente con él, que contribuyan a formar una línea política, no dogmática que pertenezca a un manual, sino algo que se está construyendo, que haya opinión de las distintas cosas, que no sea sólo el Presidente el que opine, sino que ministros, funcionarios, cuadros, dirigentes, expresen su opinión", afirmó.

Sostuvo que el Partido Socialista Unido de Venezuela, hasta ahora no ha funcionado como debería, sino que ha sido "un instrumento administrativo electoral que ejecuta las propuestas que hace el Presidente", pero hace falta que se democratice en el sentido de que las decisiones sean compartidas y discutidas.

Añadió que en ese liderazgo colectivo pueden y deben participar los partidos que apoyan el proceso que vive el país.

La crítica constructiva a la marcha del proceso fue el punto central del seminario, cuyo objetivo fue dejar en claro el papel del intelectual, con la crítica como su principal arma.

Juan Carlos Monedero explicó que hasta ahora los intelectuales se han pasado 10 años defendiendo el proceso porque está asediado, pero desatendieron el papel del intelectual.

Entre las críticas que se hacen, mencionó la mentalidad rentista de los venezolanos, el hiperliderazgo ya mencionado y la ineficiencia del Estado junto a la Corrupción.

José Luis Carrillo/ Ultimas Noticias

Reseña de lo que dijo Juan Carlos Monedero, "La revolución está en una encrucijada"

Juan Carlos Monedero: "La revolución está en una encrucijada"

Últimas Noticias (Hugo Prieto) - www.aporrea.org

14/06/09 - www.aporrea.org/ideologia/n136395.html

Juan Carlos Monedero

Credito: ALEJANDRO VAN SCHERMBEEK

A principios de mes se celebró el encuentro "Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos por recorrer". Uno de sus organizadores fue Juan Carlos Monedero, responsable de formación del Centro Internacional Miranda. Apenas se abrió el derecho de palabra, con la propia intervención de Monedero, surgió la autocrítica más profunda que se ha hecho filas adentro, es necesario aclararlo del proceso bolivariano.

Intelectuales que no tienen ningún reparo en manifestar su apoyo al presidente Chávez, pusieron el dedo en la llaga en temas tan apremiantes como la conformación del Psuv (visto como instrumento de la revolución), la gestión gubernamental, el modelo económico y la participación popular, entre otros. El balance es una radiografía que muestras aciertos y fracasos, sin atenuantes. Las críticas más acérrimas llovieron desde el chavismo, en especial sobre lo que Monedero denomina como un "liderazgo acomodaticio", funcionarios "que no resisten una auditoría".

Pero esto es el mero síntoma de una enfermedad, cuyo pronóstico es reservado. "La revolución bolivariana está en una encrucijada", sentencia Monedero. Los cinco fantasmas de la cultura política del país (ver registro verbal) generan, precisamente, ese tipo de liderazgo. ¿Qué significa esto? "Los diferentes niveles del país, en lugar de hacer el esfuerzo de buscar sus soluciones, esperan que sea el liderazgo del Presidente el que baje esas soluciones. Que resuelva todo y quedan las preguntas ¿dónde están los documentos teóricos de la revolución bolivariana?, ¿dónde están las diferentes sensibilidades ideológicas? Es un problema terrible".

En el seminario hubo coincidencia en tres puntos. Uno, "la importancia del liderazgo del presidente Chávez". Dos, "el flaco favor que le hace a Venezuela una oposición, cuyo único objetivo es regresar al pasado". Tres, "los enormes logros del proceso bolivariano". Si bien el liderazgo del Presidente resultó "crucial para superar el callejón sin salida de la IV República, ahora resulta necesario impulsarlo hacia otro momento para que este proceso pudiera seguir avanzando.

Lo que buscamos es empoderar al pueblo y que el Presidente lidere ese empoderamiento".

Las críticas no se hacen desde las filas del chavismo sino desde los medios de comunicación tradicionales, cuyo interés no es señalar errores y claroscuros ideológicos, sino poner de manifiesto el empantanamiento.

El Presidente fue la principal virtud, junto con el pueblo, que ha permitido el advenimiento de la V República. De lo que se trataba es que no se convierta en un vicio y por tanto ese liderazgo, tan relevante, hay que repensarlo en otra dirección, porque la propia fuerza de Chávez ha generado lo que yo llamo ese liderazgo acomodaticio. Decía Ludovico Silva que si los loros fueran marxistas, serían marxistas ortodoxos.

Creo que podemos decir que si los loros fueran chavistas serían chavistas ortodoxos. Por fortuna el Presidente es el primer heterodoxo del país. Esa fortaleza genera problemas que podemos identificarlos en tres áreas: el consejo de ministros, la Asamblea Nacional y el Psuv, que en mi opinión, creo que no terminan de funcionar.

¿A qué problemas se refiere?

Si ministros, diputados o cuadros del partido renuncian a disentir con el Presidente, si renuncian incluso a ser abogados del diablo, no se están ganando el sueldo. Si el consejo de ministros calla hasta que el Presidente baje línea, si la Asamblea Nacional hace algo similar, al igual que el Psuv no se está ayudando al Presidente para que mande obedeciendo.

Al presidente Chávez le encanta bajar línea. Es el primero que le pide al TSJ que `actúe’. Es el primero que le pide a la Asamblea Nacional que apruebe una ley.

Es el retrato hablado de lo que usted menciona. ¿Cómo se supera eso?

Se supera saliendo de ese liderazgo acomodaticio. Insisto, el ministro que no disienta con el Presidente y con otros ministros, no se está ganando el sueldo. El diputado que no disienta con la presidenta de la Asamblea o con el Presidente, de manera que de ese debate dialéctico surja la mejor propuesta, no se está ganando el sueldo. El militante del Psuv, de cualquier batallón o de la dirección nacional, que no disienta o que silencie su voz alternativa, no se está ganando el sueldo y encima le están haciendo un flaco favor a Venezuela, porque el Presidente va acumulando responsabilidades, cada vez más, y al final dinamita lo que fue el corazón de este proceso. Es decir, mandar obedeciendo y de esa forma recuperar una forma de democracia que no existía y que enamoró y sigue enamorando a tanta gente, aquí y en América Latina.

Al escucharlo, uno piensa que la revolución bolivariana está en una encrucijada.

Sí, sí. Estoy de acuerdo.

¿O se retoma el camino o se llega al despeñadero?

Cuando uno mira la historia de las revoluciones, uno se da cuenta que se empezaron a pudrir cuando se frenó la crítica, cuando se silenció el debate. Yo he escuchado a guerrilleros decir que no tuvieron miedo cuando estaban en la montaña y que en cambio ahora se tientan la ropa antes de hablar en determinados lugares para que estos burócratas de la revolución no los perjudiquen. Si hago una comparación en seis años que llevo aquí, diría que la Lámpara de Diógenes era un programa ofensivo, La Hojilla es un programa defensivo.

Creo que es necesario recuperar la frescura que tenía el proceso revolucionario y que algunos vemos que se está perdiendo y está siendo sustituida por una burocratización, en la que hay un exceso de monólogo.

Si el disentimiento y la crítica no tienen una expresión, que además tenga utilidad, ¿usted cree que la figura del presidente Chávez va a permanecer incólume frente a los procesos políticos y sociales que se están dando?

Si en el seminario hablamos de hiperliderazgo es porque creemos que esa forma de ejercer el poder debilita al Presidente.

Estamos absolutamente convencidos de que la figura del Presidente es indispensable al día de hoy en la marcha de este proceso. De ahí mi enfado con aquellos que se acomodan a ese liderazgo, algo que me recuerda mucho a los extras de las películas, que se tapan el rostro para poder salir en más escenas. Son personas que se escudan en el portaviones Chávez para ellos no recibir ningún tipo de daño. Pero al final, como decía Fidel Castro, el presidente Chávez no puede ser el alcalde de todos los pueblos de Venezuela. Eso, por un lado, lo refuerza para tener el máximo poder, pero por otro lo deja absolutamente vulnerable.

En Cuba se demostró que hubo continuidad del sistema político a pesar del hiperliderazgo de Fidel Castro. Si aquí ocurriera algo similar, ¿qué pasaría?

Cuando el Presidente decide impulsar al Psuv, creo que hace una reflexión muy honesta y muy sincera que es precisamente esta: si yo falto este proceso se cae. Creo que el impulso de un partido de la revolución tenía esa angustia. La necesidad de blindar un proceso que es la garantía de que las mayorías de este país tengan esperanza, en caso de que el Presidente faltara. Creo que hay mucho por hacer. Hace unos cuantos años dije que el mayor éxito del presidente Chávez será cuando haya 100 personas que lo puedan sustituir sin ningún tipo de quiebra. Ojalá de esas 100 personas, 80 sean mujeres. Creo que es una asignatura pendiente. En 10 años, la revolución no ha hecho una escuela de formación ni de cuadros del partido ni de funcionarios del Gobierno.

¿El Centro Internacional Miranda no es eso?

No funciona como tal, tampoco ha tenido los recursos para hacerlo.

Formamos una cohorte, luego esa cohorte se mantuvo en la Escuela Venezolana de Planificación, pero con la rotación enorme que hay con los cuadros ministeriales en Venezuela, no hay continuidad al respecto.

Hay funcionarios que pasan de un ministerio a otro y se llevan consigo a un grupo de burócratas que los siguen fielmente como si se tratase de un ejército personal.

Esa es una señal de debilidad del Estado. Por otra parte hay ministros que llevan tanto tiempo en el Gobierno, que creen que el ministerio les pertenece, hasta el punto que cuando son relegados, exigen a quienes ellos creen que son sus fichas, que renuncien. Incluso cuando regresan, aquellos que no abandonaron el barco los han botado. No tiene sentido que en un mismo gobierno, un cambio de ministro implique la salida de 200 personas. Eso supone una discontinuidad que no se la podría permitir un país rico y yo me pregunto, ¿se lo puede permitir Venezuela? Toda transformación política supone una reinvención de la función pública. Es decir, salir del cuadro funcionarial del antiguo régimen y sentar las bases de un nuevo cuerpo funcionarial que sea leal con las nuevas formas constitucionales y la nueva lógica política. En Venezuela eso está pendiente.

Con la urgencia se implementaron las misiones, pero llega un momento en que las institucionalizas o se desploman, porque la mística no funciona de una manera permanente.

El partido se confunde con el Estado, con la sociedad, con las misiones, con los consejos comunales. ¿No es el cáncer que llevó a la tumba al socialismo del siglo XX?

Eduardo Galeano, que no pudo venir, me escribió hace un par de días felicitándonos por el seminario y el tono crítico del mismo. Recordándonos, además, que repetir el pasado sería el fin de la revolución bolivariana. Y que actos como el que organizamos en el CIM es una señal de que estamos aprendiendo de los errores. Venezuela no era un país que destacaba por sus movimientos sociales. No había un sistema de partidos políticos que permitiera articular a sectores críticos. Por lo tanto, las respuestas para cancelar la enorme deuda social tuvieron que impulsarse desde arriba. Pero no hay socialismo si no hay socialistas. Igual que no hay cooperativismo si no hay cooperativas. Ahora mismo, la revolución está en una encrucijada para no repetir los errores, por ejemplo, del PRI.

No nos vayamos a la URSS sino a un referente más cercano. El PRI (México) seguía llamándose Partido Revolucionario Institucional y desde arriba construyó sindicatos, organizaciones, redes sociales, pero que en el fondo eran todas formas burocráticas de control.

¿No le da miedo coincidir con Vargas Llosa, que caracterizó al PRI como la dictadura perfecta?

Venezuela puede aprender de esos errores y no repetirlos.

Por eso la crítica debe estar, ahora mismo, en el corazón del proceso.

REGISTRO VERBAL

Juan Carlos Monedero, en algo más de seis años, ha estudiado lo que en teoría marxista podría denominarse como la formación histórica y social de Venezuela. Al identificar las pulsiones que moldean el carácter del país, Monedero habla de "cinco fantasmas que siempre han revoloteado en su historia". En parte, la V República los "ha solventado parcialmente, porque siempre están ahí, dispuestos a regresar y todos confluyen en la figura histórica de un líder necesario". Por eso, el tema del liderazgo refiere a un nudo central de la democracia venezolana. Y eso es algo que se debería tener muy en cuenta.

El primer fantasma. La mentalidad rentista: que, de alguna manera, "hace descansar en la figura del líder la solución de todos los problemas". La imagen más acabada la transmitió el canal 8, "la señora que con un niño en brazos, decía: con Chávez, por fin, me ha caído mi chorrito de petróleo". Ese liderazgo, así entendido, infantiliza y por tanto no permite que el pueblo sea corresponsable de la marcha de su destino.

El segundo fantasma. El centralismo. "Es cierto que la descentralización se utilizó como palanca de penetración del neoliberalismo, pero centralizar todo en una persona es problemático.

Aquello que decía Robespierre, Rosa Luxemburgo y Trosky. El partido sustituye a la sociedad, el comité central al partido y el secretario general al comité central".

El tercer fantasma. El militarismo. "Con la unión cívico militar se ha dado un salto de gigante. Que en vez de fotos del presidente de Estados Unidos haya fotos del Che Guevara en los cuarteles es una esperanza. Pero el militarismo vuelve a recurrir a la idea del comandante en jefe, que de alguna manera es quien solventa ese problema".

El cuarto fantasma. El clientelismo partidista, que de algún modo regresa: "ayer era adeco y hoy es del Psuv. Es un tremendo error. Los burócratas de la revolución creen que alguien les ha dado la orden de que si no se está afiliado al Psuv no se tiene el acceso a la ciudadanía. De ahí surge la idea, por ejemplo, de que consejos comunales y Psuv es lo mismo".

El quinto fantasma. Corrupción e ineficiencia. "Dos caras de la misma moneda. Es la ausencia de Estado. De hecho, Venezuela es el único país de América Latina que no tiene un Instituto Nacional de Administración Pública. Las cosas que tienen que ver con la administración pública están en una esquina del Ministerio de Planificación".

Vladimir Acosta, "Proceso Venezolano requiere de una dirección colectiva"

Tomado de YVKE Mundial

Vladimir Acosta: Proceso venezolano requiere de una dirección colectiva

El analista político considera que en un proceso como el que se vive en Venezuela tiene que abrirse espacio para la crítica y la perdida del temor ante la crítica.

MARTES, 2 DE JUN DE 2009. 3:06 PM

Profesor Vladimir Acosta

Para el analista político Vladimir Acosta la falta de una línea política, la ausencia de una dirección colectiva y la carencia de un partido revolucionario son problemas que persisten en medio de los logros alcanzados durante los últimos 10 años en Venezuela, pero de no actuarse en este sentido se corre el riesgo de constituirse en obstáculos que frenen el avance del proceso de transformación que se vive en el país.

Durante su participación en el jornada de reflexión “Intelectuales del Socialismo”, Acosta expresó que “en medio de esos logros y asociados a estos hay problemas, que no se ven, se ocultan o se subestiman, y son problemas importantes que en la medida en que se acumulan se convierten en amenazas contra el avance y la profundización de este proceso”.

Haciendo una suerte de auto evaluación, identificó tres problemas claves que han persistidos en los últimos años, entre estos la falta de una línea política o programa político claro. Sobre este particular aclaró que pese a estar soportado en la ideología del Socialismo del siglo XXI, el proceso que se vive en Venezuela está sustentado en una idea genérica, en construcción.

“Este proceso ha llegado a través de una secuencia de hechos, al principio lo que había era sensibilidad social, luego se asumió una posición antiimperialista y finalmente se ha ido asumiendo el Socialismo del siglo XXI”, refirió.

Por lo que insiste en señalar que persisten una serie de aspectos que no están claros, entre estos la línea política de este proceso, exceptuando lo que el presidente Hugo Chávez va estableciendo como línea política, lo cual a juicio de Acosta genera un problema.

Acosta señaló que al anterior problema se le suma la falta de una dirección colectiva, que refuerce la actuación del Presidente y por consiguiente los vínculos entre éste y la población.

Con lo cual –aclaró- no se pretende hacer un cuestionamiento del liderazgo de Chávez, que goza de una sólida aceptación en la población, lo que se persigue es llamar la atención sobre la necesidad de una dirección política que sirva de soporte y respaldo, en virtud de que el Presidente no puede hacer todo ni estar en todas partes.

Al manifestar que se está lejos de contar con una dirección colectiva, el historiador indicó que “la relación sigue siendo del Presidente con el pueblo, pero los dirigentes y los cuadros políticos son desconocidos, ignorados o hasta rechazados por la propia población”.

Como tercer problema, Acosta identificó la ausencia de un partido revolucionario, al asegurar la inexistencia de un partido revolucionario, “el PSUV no es un partido, hasta ahora ha sido un instrumento administrativo y electoral para aplicar la línea política que el presidente Chávez va estableciendo, no es un partido político todavía”.

En este particular, alertó sobre el peligro que se corre cuando las organizaciones políticas se constituyen desde arriba, ya que suelen plegarse personas que no están identificadas con la ideología que la sustentan. “En el PSUV hay mucho revolucionarios, pero también hay quienes anda buscando obtener algún beneficio”.

A la par de este señalamiento, hizo énfasis en la necesidad de que existan diversas organizaciones políticas que contribuyan en generar una riqueza en las discusiones. “No tendría porque haber un sólo partido, (…) porque un partido más grande y más poderoso, genera arrogancia, prepotencia y malas relaciones con los propios aliados”.

Acosta consideró que en un proceso como el que se vive en Venezuela tiene que abrirse espacio para la crítica y la perdida del temor ante la crítica, desterrando así cualquier vestigio de temor por la descalificación en respuesta a dicha acción.

Vladimir Villegas, "Tiempos de cambio"

Tiempos de cambio

El hiperliderazgo de Chávez

Vladimir Villegas - www.aporrea.org

17/06/09 - http://www.aporrea.org/ideologia/a80210.html

El presidente Chávez dijo estar dispuesto a debatir los criterios expresados por intelectuales de izquierda con respecto a algunos problemas centrales de la revolución bolivariana, pero resintió sobre manera el concepto de “hiperliderazgo” que le atribuyó uno de sus participantes, el catedrático español Juan Carlos Monedero.

La “hiperpresencia” del Presidente es una realidad inocultable. Ni la oposición niega que la fuerza de su liderazgo ha sido decisiva para impulsar cambios significativos en el sistema político y en el ámbito social Y su capacidad de identificación con la forma de ser y con las necesidades de los sectores más empobrecidos no es moneda corriente en la Venezuela de hoy. Precisamente allí ha estado la clave o una de las claves de sus éxitos políticos.

Ciertamente, el liderazgo personal, el sello individual, juega un rol importante en los procesos sociales, pero al fin y al cabo son los pueblos quienes hacen la historia, aunque esta aseveración, confirmada en tantas circunstancias de la humanidad, no sea del agrado de quienes viven y sobreviven políticamente a la sombra de ese hiper liderazgo descrito por Monedero.

El presidente Chávez es, sin duda, el principal responsable de lo que Monedero llama “hiperliderazgo”. Todas o casi todas las decisiones de trascendencia en el Estado tienen su impronta. Los integrantes de la actual Dirección Nacional del PSUV pasaron por el filtro de su “visto bueno” antes de ser sometidos al voto de la militancia. Lo mismo puede decirse de los integrantes de la Asamblea Nacional y de los alcaldes y gobernadores. Difícilmente, salvo excepciones muy conocidas y que tienen explicaciones muy poderosas, no ha habido gobernador de las filas psuvistas que no contara con su aval. Y, muy seguramente, esto ocurrirá otra vez cuando se elija, en 210, al nuevo parlamento.

Pero Chávez no es el único responsable de esta situación. Su entorno más cercano en lo político, lo burocrático y lo militar, que por cierto se confunden entre sí, vive estimulando, salvo excepciones, ese hiperliderazgo. Y lo hace como un escudo protector frente a las naturales críticas hacia una gestión que si bien ha tenido logros indiscutibles también muestra el feo rostro de la ineficacia, la desidia y la corrupción. Entonces cualquier crítica a una falla en el Metro, a un ministro que no cumple sus responsabilidades o a un gobernador flojazo o pillo se atribuye sin el menor rubor al anti-chavismo de quien o quienes protestan o se quejan.

Y en cuanto al partido, al parlamento y al gobierno, sobrada razón tiene Monedero cuando dice que aquel ministro, diputado o dirigente que no hace críticas u observaciones necesarias al Presidente o a una decisión o ley no está cumpliendo con su trabajo.

Otras sociedades como la soviética y la china, por ejemplo, sufrieron las consecuencias del hiperliderazgo, devenido en personalismo y caudillismo, lo cual le hizo un severo daño a la idea socialista, al costo que ya conocemos. Lástima que para muchos revolucionarios de hoy sea una herejía tocar este tema, y prefieran seguir haciendo concesiones al culto a la personalidad, en lugar de asumir la responsabilidad de alertar a tiempo sobre los peligros que esta desviación entraña.

Antonio Gramsci, "El Cesarismo"

Tomado de:

www.gramsci.org.ar

Tambien se puede hacer la busqueda a traves de google:

Antonio Gramsci

Cuadernos de la Carcel

Edición Crítica del Instituto Gramsci

A cargo de Valentino Gerratano


EL CESARISMO

César, Napoleón I, Napoleón III, Cromwell, etc. Compilar un catálogo de los acontecimientos históricos que culminaron en una gran personalidad "heroica".

Se puede decir que el cesarismo expresa una situación en la cual las fuerzas en lucha se equilibran de una manera catastrófica, o sea de una manera tal que la continuación de la lucha no puede menos que concluir con la destrucción recíproca. Cuando la fuerza progresiva A lucha con la fuerza regresiva B, puede ocurrir no sólo que A venza a B o viceversa, puede ocurrir también que no venzan ninguna de las dos, que se debiliten recíprocamente y que una tercera fuerza C intervenga desde el exterior dominando a lo que resta de A y de B. En Italia, luego de la muerte de Lorenzo el Magnífico,* ha ocurrido precisamente esto.

* A la muerte de Lorenzo el Magnifico (1492) sucede en Italia la ruptura del equilibrio existente entre los diversos estados y se abre un período de decadencia total y de desmembramiento de la Península. [E.]

Pero si bien el cesarismo expresa siempre la solución "arbitraria", confiada a una gran personalidad, de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas de perspectiva catastrófica, no siempre tiene el mismo significado histórico. Puede existir un cesarismo progresista y uno regresivo; y el significado exacto de cada forma de cesarismo puede ser reconstruido en última instancia por medio de la historia concreta y no a través de un esquema sociológico. El cesarismo es progresista cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y temperamentos limitativos de la victoria, es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, también en este caso con ciertos compromisos y limitaciones, los cuales, sin embargo, tienen un valor, una importancia y un significado diferentes que en el caso anterior. César y Napoleón I son ejemplos de cesarismo progresivo. Napoleón III y Bismark de cesarismo regresivo.

Se trata de ver si en la dialéctica "revolución-restauración" es el elemento revolución o el elemento restauración el que prevalece, ya que es cierto que en el movimiento histórico jamás se vuelve atrás y no existen restauraciones in toto. Por otro lado el cesarismo es una fórmula polémico-ideológica y no un canon de interpretación histórica. Pueden darse soluciones cesaristas aun sin un César, sin una gran personalidad "heroica" y representativa. El sistema parlamentario dio también un mecanismo para tales soluciones de compromiso. Los gobiernos "laboristas" de Mac-Donald eran hasta cierto punto soluciones de este tipo; el grado de cesarismo se intensificó cuando se formó el gobierno con Mac-Donald como presidente y la mayoría conservadora. Así en Italia, en octubre de 1922, hasta la separación de los "populares" * y luego gradualmente hasta el 3 de junio de 1925, y aún hasta el 8 de noviembre de 1926, se dio un movimiento político-histórico en el cual se sucedieron diversas formas de cesarismo hasta una forma más pura y permanente, aunque no inmóvil y estática. Todo gobierno de coalición es un grado inicial de cesarismo, que puede o no desarrollarse hasta los grados más significativos (como es natural la opinión generalizada es, en cambio, la de que los gobiernos de coalición constituyen el más "sólido baluarte" contra el cesarismo). En el mundo moderno, con sus grandes coaliciones de carácter económico-sindical y político de partido, el mecanismo del fenómeno cesarista es muy diferente del que existió en la época de Napoleón III. En el período hasta Napoleón III las fuerzas militares regulares o de línea constituirían un elemento decisivo para el advenimiento del cesarismo, que se verificaba a través de golpes de estado bien precisos, con acciones militares, etcétera.

* Después de la marcha sobre Roma y del triunfo de Mussolini, los "populares" (antecesores directos del actual partido italiano Demócrata-cristiano) sumaron sus votos a los fascistas en las elecciones del 17 de noviembre de 1922, participando luego en el gobierno. Después de algunas discrepancias entre el dirigente Don Sturzo y las altas jerarquías de la iglesia, el partido decide presentarse en forma separada en las elecciones del 26 de enero de 1924, rechazando posteriormente su incorporación a un frente único de oposición al fascismo. El 3 de enero de 1925, el gobierno de Mussolini suprime la libertad de prensa y el 9 de noviembre de 1926, la cámara de diputados declara disueltos a los partidos de la oposición y expulsa de dicha cámara a sus representantes. [E.]

En el mundo moderno, las fuerzas sindicales y políticas, con medios financieros incalculables puestos a disposición de pequeños grupos de ciudadanos, complican el problema. Los funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser corrompidos o aterrorizados, sin necesidad de acciones militares en vasta escala, tipo César o 18 Brumario. Se reproduce en este campo la misma situación examinada a propósito de la fórmula jacobino-cuarentiochesca de la llamada "revolución permanente". La técnica política moderna ha cambiado por completo luego de 1848, luego de la expansión del parlamentarismo, del régimen de asociación sindical o de partido, de la formación de vastas burocracias estatales y "privadas" (político-privadas, de partido y sindicales) y las transformaciones producidas en la organización de la policía en sentido amplio, o sea no sólo del servicio estatal destinado a la represión de la delincuencia, sino también del conjunto de las fuerzas organizadas del estado y de los particulares para tutelar el dominio político y económico de las clases dirigentes. En este sentido, partidos "políticos" enteros y otras organizaciones económicas o de otro tipo deben ser considerados organismos de policía política, de carácter preventivo y de investigación. El esquema genérico de las fuerzas A y B en lucha con una perspectiva catastrófica, es decir con la perspectiva de que no venzan ninguna de las dos en la lucha por constituir (o reconstituir) un equilibrio orgánico del cual nace (puede nacer) el cesarismo, es precisamente una hipótesis genérica, un esquema sociológico (cómodo para el arte político). Esta hipótesis puede tornarse cada vez más concreta, elevarse a un grado mayor de aproximación a la realidad histórica concreta si se precisan algunos elementos fundamentales.

Así, hablando de A y de B se dijo solamente que se trataba de dos fuerzas, progresista una y regresiva la otra, pero en un sentido general. Se puede precisar de qué tipo de fuerzas progresistas o regresivas se trata y obtener así una mayor aproximación. En el caso de César o de Napoleón I, puede decirse que aun siendo A y B distintas y contradictorias, no eran sin embargo tales como para que no pudiesen en "absoluto" llegar a una fusión y una asimilación recíproca luego de un proceso molecular; lo que efectivamente ocurrió, al menos en cierta medida (suficiente no obstante para los fines histórico-políticos de la cesación de la lucha orgánica fundamental y por ende de la superación de la fase catastrófica). Este es un elemento de mayor aproximación. Otro elemento es el siguiente: la fase catastrófica puede emerger por una deficiencia política "momentánea" de la fuerza dominante tradicional, y no ya por una deficiencia orgánica necesariamente insuperable. Hecho que se verificó en el caso de Napoleón III. La tuerza dominante en Francia desde 1815 a 1848 se había escindido políticamente (facciosamente) en cuatro fracciones: legitimista, orleanista, bonapartista y jacobino-republicana. Las luchas internas de facción eran tales como para tornar posible el avance de la fuerza antagónica B (progresista) en forma "precoz"; sin embargo, la forma social existente no había agotado aún sus posibilidades de desarrollo, cómo lo demostraron abundantemente los acontecimientos posteriores. Napoleón III representó (a su modo, según su estatura, que no era grande) estas posibilidades latentes e inmanentes; su cesarismo tuvo por consiguiente una tonalidad particular. El cesarismo de César y Napoleón I ha sido, por así decirlo, de carácter cuantitativo-cualitativo, o sea representó la fase histórica del paso de un tipo de estado a otro tipo, un pasaje en el cual las innovaciones fueron tantas y de características tales como para representar una verdadera revolución. El cesarismo de Napoleón III fue única y limitadamente cuantitativo, no hubo un pasaje de un tipo de estado a otro tipo de estado, sino apenas una "evolución" del mismo tipo, según una línea ininterrumpida.

En el mundo moderno los fenómenos de cesarismo son totalmente diferentes, tanto de los de tipo progresista César-Napoleón I. cómo también de aquellos del tipo Napoleón III, si bien se aproximan a estos últimos. En el mundo moderno el equilibrio de perspectivas catastróficas no se verifica entre fuerzas que en última instancia pudiesen fundirse y unificarse, aunque fuera luego de un proceso fatigoso y sangriento, sino entre fuerzas cuyo contraste es sanable desde un punto de vista histórico, y que se profundiza especialmente con el advenimiento de formas cesaristas. Sin embargo el cesarismo tiene también en el mundo moderno un cierto margen, más o menos grande, según los países y la fuerza que ellos tengan en la estructura mundial, ya que una forma social "siempre" tiene posibilidades marginales de desarrollo ulterior y de sistematización organizativa y especialmente puede basarse en la relativa debilidad de la fuerza progresista antagónica, por la naturaleza y el modo peculiar de vida de la misma, debilidad que es necesario mantener: por ello se ha dicho que el cesarismo moderno más que militar, es policial.

Sería un error de método (un aspecto del mecanicismo sociológico) considerar que en los fenómenos de cesarismo, tanto progresista como regresivo o de carácter intermedio episódico, todo el nuevo fenómeno histórico sea debido al equilibrio de las fuerzas "fundamentales": es necesario ver también las relaciones existentes entre los grupos principales (de distintos géneros; social-económico y técnico-económico) de las clases fundamentales y las fuerzas auxiliares guiadas o sometidas a la influencia hegemónica. Así, no se comprendería el golpe de estado del 2 de diciembre sin estudiar la función de los grupos militares y de los campesinos franceses.

Un episodio histórico muy importante desde este punto de vista, es en Francia, el affaire Dreyfus; él también entra en esta serie de observaciones, no porque haya conducido al "cesarismo’’ sino justamente por lo contrario: porque impidió el advenimiento de un cesarismo que se estaba preparando y que tenía un carácter completamente reaccionario. Sin embargo, el movimiento Dreyfus es característico porque son los elementos del bloque social dominante quienes desbaratan el cesarismo de la parte más reaccionaria del mismo bloque, apoyándose no en los campesinos, en el campo, sino en los elementos subordinados de la ciudad guiados por el reformismo socialista (pero apoyándose también en la parte más avanzada del campesinado). Del tipo Dreyfus encontramos otros movimientos histórico-políticos modernos, que no son por cierto revolucionarios, pero que tampoco son por completo reaccionarios, al menos en el sentido de que destruyen en el campo dominante las cristalizaciones estatales sofocantes e imponen en la vida del estado y en las actividades sociales un personal diferente y más numeroso que el precedente. Estos movimientos pueden tener también un contenido relativamente "progresista" en cuanto indican que en la vieja sociedad existían en forma latente fuerzas activas que no habían sido explotadas por los viejos dirigentes; "fuerzas marginales", quizás, pero no absolutamente progresivas en cuanto no pueden "hacer época". Lo que las torna históricamente eficientes es la debilidad constructiva de la fuerza antagónica y no una fuerza íntima propia, de allí entonces que estén ligadas a una determinaría situación de equilibrio de fuerzas en lucha, ambas incapaces de expresar en su propio campo una voluntad propia de reconstrucción.

(1932-1934.)

"Culto a la Personalidad" del Manual del Marxismo-Leninismo, Academia de Ciencias de la URSS

Tomado del:

Manual del Marxismo-Leninismo

Academia de Ciencias de la URSS

Edición: Grijalbo, Méjico 1960

El culto a la personalidad va contra el marxismo-leninismo.

El marxismo-leninismo afirma que el papel decisivo en la historia corresponde a la actividad y la lucha de clase de las masas populares. Sólo relacionándolo con la lucha de clases, con la actividad de las masas populares, con las necesidades sociales que esta lucha engendra, podemos comprender el verdadero papel de los dirigentes.

Tal concepción de la historia es incompatible con el culto a la personalidad, con la veneración de los dirigentes, a los que se atribuyen sobrenaturales méritos y cualidades. El culto a la personalidad es una ideología contraria al marxismo, que procede de las concepciones del feudalismo y del individualismo burgués.

Al propio tiempo, el culto a la personalidad repercute desfavorablemente en la actuación práctica y se enfrenta con las necesidades e intereses del movimiento socialista.

La desenfrenada exaltación del dirigente y la exageración de sus méritos, quiérase o no, influye nocivamente en las masas y deforma su educación. El culto a la personalidad crea entre las masas la errónea creencia de que las tareas que se plantean ante los trabajadores puede cumplirlas alguno otro, de que la capacidad y los méritos del dirigente dan base a los millones de dirigidos para confiar por completo en el gran hombre, para seguir pasivamente los proyectos e indicaciones del "jefe" que todo lo sabe y todo lo tiene previsto, haciendo así innecesario que los hombres de filas del movimiento socialista piensen por su cuenta, manifiesten iniciativa, creen e influyan activamente sobre la marcha de los acontecimientos. Tales opiniones relajan la conciencia de responsabilidad de cada trabajador por el porvenir y el éxito del movimiento socialista, debilitan en ellos el inapreciable sentimiento de saberse dueños de su destino, que de manera tan rotunda se afirma en La Internacional:

Ni en dioses, reyes ni tribunos

está el supremo salvador,

nosotros mismos realicemos

el esfuerzo redentor.

Más aún. Si de la ideología pasamos a la práctica, el culto a la personalidad reduce y quebranta inevitablemente el profundo espíritu democrático que acompaña orgánicamente al movimiento socialista. Este culto restringe las normas de vida trazadas por la práctica, que ayudan a las masas a incorporarse activamente al movimiento, y a los dirigentes a aprender de las masas, a resumir la experiencia de su actividad y su lucha. En vez de esto surgen otras normas, por las que se conceden al dirigente derechos extraordinarios, que transportan el centro de gravedad de la dirección a las decisiones, indicaciones y directrices individuales. Esto anula no ya el deseo, sino la misma posibilidad de que millones de trabajadores manifiesten iniciativa y desplieguen toda su actividad creadora.

El culto a la personalidad se opone, pues, a la incorporación de las grandes masas a la lucha contra el capitalismo y a la construcción de la sociedad socialista. Y ello es así cuando una de las grandes ventajas del movimiento socialista reside justamente en su capacidad para despertar a millones de trabajadores para la creación histórica. En la lucha por la supresión del capitalismo y la construcción del socialismo es de gran importancia utilizar esta superioridad al máximo. Las tareas del movimiento socialista son tan ingentes que jamás podrá cumplirlas por si solo un individuo, aun dotado de la mayor capacidad, sin la participación activa de las masas populares. Ni el mayor de los genios puede reemplazar al discernimiento colectivo de las masas y del Partido; la experiencia personal, aun la más valiosa y completa, no será capaz de sustituir a la experiencia colectiva de millones de hombres; ni la más grande de las hazañas personales podrá suplir la hazaña de las masas trabajadoras que se han puesto en pie para la lucha contra el capitalismo y que construyen el socialismo.

De todo esto se desprende que el culto a la personalidad causa un perjuicio directo al movimiento socialista, por cuanto restringe la posibilidad de poner en juego sus grandes ventajas históricas.

Además, en un ambiente de culto a la personalidad se hace posible la incorporación al movimiento socialista de fenómenos que nada tienen que ver con su naturaleza, accidentales y hasta nocivos, que guarden relación con unos u otros rasgos negativos de determinados dirigentes.

Decíamos antes que una u otra persona se coloca a la cabeza de la clase o del movimiento gracias a determinadas cualidades necesarias. Ellas son las que, en lo fundamental y principal, hacen que los actos de esta persona reflejen las necesidades de la clase o del movimiento que dirige. Pero junto a esas cualidades necesarias, el dirigente puede poseer rasgos personales que, aun siendo secundarios, sean capaces, en determinadas condiciones, de influir desfavorablemente sobre su labor.

J. V. Stalin, por ejemplo, llegó a dirigente gracias a una serie de cualidades personales necesarias para el movimiento socialista, como su fidelidad a la causa de la clase obrera, su gran capacidad como organizador y teórico, su voluntad de hierro y su intransigencia en la lucha con los enemigos. Todo esto le permitió cumplir un señalado papel en el movimiento revolucionario y en la construcción del socialismo en la U.R.S.S., así como en el movimiento obrero internacional.

Pero Stalin poseía otros rasgos de carácter: brusquedad, intolerancia hacia la opinión ajena, una desconfianza enfermiza; también era caprichoso. En condiciones normales, nada de esto podía causar un daño sensible. Lo habrían impedido las normas de vida de la sociedad socialista, del Partido y del movimiento obrero, que imponen la dirección colectiva, un eficaz control de las masas sobre los dirigentes, una amplia democracia para los trabajadores, la crítica y la autocrítica. Mas la situación en que transcurrió la actividad de Stalin no era ordinaria. La construcción del socialismo en un país económicamente atrasado, en unas condiciones de cerco capitalista y de encarnizada lucha de clases y ataques de las corrientes hostiles al Partido, exigía una especial centralización. Stalin trató de llevar esta centralización al máximo, concentrando en sus manos un poder excesivo y violando los principios de la dirección colectiva por los que los Partidos Comunistas se rigen. En tales condiciones, sus rasgos personales negativos comenzaron a ejercer cierta influencia sobre su labor en el Gobierno y en el Partido, y, por tanto, sobre la propia vida del Partido y del país. Así fueron posibles algunos fenómenos profundamente ajenos al marxismo-leninismo y al socialismo como sistema social: abandono de los principios democráticos en cuestiones importantes de la política, graves transgresiones de la legalidad socialista, represiones infundadas, nombramiento para cargos importantes de personas totalmente incapaces y extrañas al Partido que se habían ganado su confianza por su servilismo y espíritu adulador.

Estos fenómenos negativos, se entiende, no alteraron la naturaleza socialista de la sociedad soviética. También en ese período siguió ésta avanzando por la vía socialista, por la vía del robustecimiento de la propiedad social sobre los medios de producción, de rápido incremento de las fuerzas productivas, de ascenso del bienestar, la cultura y la conciencia de los trabajadores. Los pueblos de la U.R.S.S. lograron en este período grandes victorias a pesar de todas las consecuencias negativas del culto a la persona de Stalin. Pero los éxitos habrían sido aún mayores de no ser por los errores de Stalin y por el culto a la personalidad.

Así, pues, el culto a la personalidad es ajeno a todo el espíritu y a las necesidades del movimiento socialista; es incompatible con el marxismo-leninismo. No en vano Marx, Engels y Lenin combatieron siempre toda manifestación del mismo, mostraban una repugnancia fisiológica por la adulación y las alabanzas y en repetidas ocasiones pusieron en guardia a la clase obrera y a su partido contra el peligro que la exaltación y el enaltecimiento de los dirigentes representaban.

Fiel al espíritu de estas tradiciones del movimiento socialista, el Partido Comunista de la Unión Soviética ha emprendido una decidida lucha contra el culto a Stalin, lucha que comprende un trabajo de educación e ideológico y medidas encaminadas a hacer imposible la reaparición del culto a la personalidad, a fomentar la democracia socialista y a restablecer las normas leninistas en la vida del Partido. Esta lucha tiene grandes alcances para todo el movimiento socialista.

La burguesía, y con ella los reformistas y revisionistas de toda laya, han tratado de aprovechar la crítica del culto a Stalin para difamar a la Unión Soviética y al régimen socialista, quebrantar el prestigio moral del Partido Comunista de la Unión Soviética y sembrar la discordia y la confusión en el movimiento obrero. Pero sus intentos han resultado fallidos. Pese a todos los esfuerzos de los servidores del imperialismo, la lucha contra el culto a la personalidad ha traído consigo, en última instancia, un nuevo ascenso del movimiento socialista, que ha visto robustecidas su cohesión y su unidad.

Los partidos marxistas-leninistas han sabido salir también al paso de las concepciones nihilistas que negaban el papel de los dirigentes y de los chispazos anarquistas, atizados diligentemente por los enemigos del socialismo. La reacción siempre se mostró dispuesta a difamar y comprometer a los dirigentes de los trabajadores, considerando que así podría quebrantar y desorganizar el movimiento obrero. Pero las masas, en su inmensa mayoría, comprenden que el prestigio y la popularidad de los dirigentes de la clase obrera no tienen nada de común con la condena que el Partido ha hecho del culto a la personalidad. El prestigio y la popularidad no son sólo una consecuencia legítima de la labor de los mejores dirigentes de la clase obrera. Son también un arma importante del movimiento obrero en la lucha por el socialismo, y así nos lo dice toda la experiencia de la lucha que el proletariado mantiene por su emancipación. Sin dirigentes prestigiosos, vinculados a las masas y populares entre ellas, no hay movimiento socialista organizado, son imposibles los grandes triunfos en la lucha por el socialismo. Los mejores jefes de la clase obrera, íntimamente unidos al pueblo y que dirigen acertadamente la lucha de los trabajadores por sus vitales intereses y sus ideales, cumplen una señalada misión en la historia y se hacen acreedores al amor del pueblo.